Mujer por partes
Entonces, si has tenido la dicha y la desgracia de nacer mujer y no moriste en el intento, comprenderás que una parte de ti siempre será la niña, habrá berrinches, caprichos y también habrá momentos en los que solo un abrazo calmará tu ansiedad, esa niña que no puedes dejar atrás porque te habita, y dentro tuyo late, llora, grita, juega y se disfraza de mil personajes antes de echarse a soñar tus sueños.
Hay otra porción que siempre será rebelde, aunque intentes ocultarla, domarla y hasta a veces olvidarle, ella estará allÃ, acechando, esperando el momento propicio para repudiar injusticias y nadar contra corriente en la lógica de un mundo hecho a la medida del hombre. Como se sabe, los rebeldes no se rinden, y esta parte tuya, indomable y testaruda, hará que tu sangre fluya en los momentos en que el mundo te creerá de rodillas o a sus pies.
No podemos olvidar a esa madre que te habita, no se sustenta en la maternidad concreta, se refleja en la compasión y en el amor que la mujer genera, en cada gestación de ideas, en las acciones desinteresadas, en los miles de alumbramientos que en tu vida llevas a cabo, por cada proyecto que parirás con dolor, el dolor que deviene del esfuerzo y la dedicación, de la renuncia y la elección.
Hay una parte muy importante que tal vez hace de hilo conductor, y es la mujer apasionada, en la que nace el deseo más allá de la misión, esa porción de tu ser que te alienta y te despierta, son el arte, y la danza, es el viento que empuja y despeina, es el sol que quema y abriga, es esa parte interior que inexplicablemente nos impulsa más allá de la razón, debes reconocer en ti el poder de la pasión.
Asà somos las mujeres, niñas, rebeldes, madres y pasión, una en las curvas, bendecidas por las lágrimas de una luna luminosa, eterna y cÃclica que se impone con rigor.
Asà somos, poderosas, creadoras, indispensables, y sin embargo partidas, rotas, pisoteadas.
Mujer, sin ti, sin mi... serÃa otra la historia.
Hay otra porción que siempre será rebelde, aunque intentes ocultarla, domarla y hasta a veces olvidarle, ella estará allÃ, acechando, esperando el momento propicio para repudiar injusticias y nadar contra corriente en la lógica de un mundo hecho a la medida del hombre. Como se sabe, los rebeldes no se rinden, y esta parte tuya, indomable y testaruda, hará que tu sangre fluya en los momentos en que el mundo te creerá de rodillas o a sus pies.
No podemos olvidar a esa madre que te habita, no se sustenta en la maternidad concreta, se refleja en la compasión y en el amor que la mujer genera, en cada gestación de ideas, en las acciones desinteresadas, en los miles de alumbramientos que en tu vida llevas a cabo, por cada proyecto que parirás con dolor, el dolor que deviene del esfuerzo y la dedicación, de la renuncia y la elección.
Hay una parte muy importante que tal vez hace de hilo conductor, y es la mujer apasionada, en la que nace el deseo más allá de la misión, esa porción de tu ser que te alienta y te despierta, son el arte, y la danza, es el viento que empuja y despeina, es el sol que quema y abriga, es esa parte interior que inexplicablemente nos impulsa más allá de la razón, debes reconocer en ti el poder de la pasión.
Asà somos las mujeres, niñas, rebeldes, madres y pasión, una en las curvas, bendecidas por las lágrimas de una luna luminosa, eterna y cÃclica que se impone con rigor.
Asà somos, poderosas, creadoras, indispensables, y sin embargo partidas, rotas, pisoteadas.
Mujer, sin ti, sin mi... serÃa otra la historia.

